Mundo ficciónIniciar sesiónLa oficina del piso dieciséis había adquirido la cualidad sombría de una celda monacal durante las últimas tres semanas, transformándose en un espacio donde Sebastián Blackwood existía más que vivía, funcionaba más que sentía. El reloj digital del escritorio de caoba marcaba las 11:47 PM, números rojos que parpadeaban con la regularidad implacable de un metrónomo contando los segundos de una existencia







