Entonces Alfredo se acercó y tomo la mano de Dulce.
—No digas eso, no morirás, te pondrás bien, se fuerte —añadió Alfredo tocando su frente y se dio cuenta que estaba con calentura.
—Alfredo, no puedo más —dijo Dulce sudando e hirviendo en temperatura.
—Se fuerte por mí, aquí estoy, te recuperaras —dijo Alfredo optimista.
Los ojos de Dulce se cerraron, las gemelas entraron a la habitación y cerraron la puerta.
—Papá hay una ardilla en la sala, tengo miedo, hay que sacarla —dijeron las gemelas.