Y también la familia Herrera.
Vino hoy precisamente para recuperar su dignidad.
El abuelo Sánchez frunció el ceño con desagrado: —Solo mencioné la posibilidad de un encuentro. Después de que Benedicto se casó, nunca volví a hablar de ello. Además, lo que dije fue sobre un encuentro para ver si eran compatibles, todavía no se había decidido nada, ¿cómo pudieron pensar que era una boda?
Emilio se quedó sin palabras, pero la frustración que sentía dentro era demasiado incómoda para soportar.
—Debe