Capítulo 76
Fabiola caminaba ligeramente hasta llegar al lado de Benedicto, extendiendo la mano: —¿El documento?

Benedicto bajó la vista, observando los dedos delgados y pálidos frente a él, no pudo evitar extender la mano y, como quien acaricia a un gato, rasguñó suavemente: —Está en el coche.

—Oh —la palma de Fabiola se sentía cosquilleante, pero no se resistía, sonreía y continuaba preguntando. —¿Cómo es tu subordinado?

—Una nariz, dos ojos, una boca.

Fabiola soltó una carcajada: —Hablando en serio, ¿y s
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