Fabiola miraba los regalos esparcidos por la casa, cayendo nuevamente en la confusión.
No pudo evitar preguntar a Vargas, quien la ayudaba a llevar los regalos: —Señor Vargas, ¿puedo hacerte una pregunta?
Vargas respondió: —Dime, señorita.
—¿Por qué crees que el tío me envió tantos regalos?
Vargas, sorprendido, respondió cautelosamente: —Quizás es porque le gustas... No me refiero a un gusto romántico, sino al afecto de un mayor hacia un menor…
Fabiola frunció el ceño ligeramente, a punto de dec