Fabiola miró seriamente a Benedicto por un momento, luego lo abrazó y mirando a sus ojos, dijo: —Ayan, dime, ¿tu renuncia es por mí o por ti mismo?
Benedicto tenía una ligera sonrisa en sus labios: —¿Por qué preguntas eso?
—Si es por mí, no quiero que actúes tan impulsivamente, pero si es por ti, apoyaré cualquier decisión que tomes, sin condiciones.
La mirada de Benedicto se detuvo por un momento.
En ese momento, se dio cuenta de que lo que para él era una simple decisión, para Fabiola era una