Alejandro, sin avergonzarse, respondió con una risa: —Entre nosotros no hay diferencias.
Mientras giraba el volante, su tono se volvió más serio: —Honestamente, me siento incómodo viendo a Fabiola tratando de ahorrarte dinero.
Benedicto, apoyando su dedo en la sien, dijo: —Ya lo sé.
Eso significaba que resolvería la situación.
Alejandro no siguió hablando del tema.
Tras colgar, Benedicto regresó a la sala de reuniones y vio a Emilio esperando ansiosamente. Con tono indiferente, dijo: —Puedes irt