Benedicto respondió rápidamente al teléfono, y su tono sonaba bastante bueno: —¿Qué pasa, cariño?
La voz profunda y magnética que llegaba a través del auricular hizo que la piel de Fabiola se erizara ligeramente en su brazo.
Ella se calmó y le preguntó: —Esta noche, asistiré a la fiesta de bienvenida de la empresa. ¿Vas a venir?
Benedicto sonrió pícaramente: —Es la fiesta de bienvenida de tu empresa. ¿Cómo puedo ir como un forastero?
Fabiola se quedó sin palabras.
Sintió que Benedicto dijo esto