Me estiré para alcanzar el papel higiénico, pero él me dio un manotazo en la mano.
"No, no, no. Con eso no. Con la lengua, hijo de puta," dijo en un tono serio y con una mirada implacable.
"¿Qué? No. Eso es asqueroso," dije. Él me dio una bofetada en la cara con todas sus fuerzas. Dolió como el demonio. Me llevé la mano para frotarme la cara, pero él me agarró de la muñeca y me puso la mano otra vez en el suelo cubierto de orina.
"Tú no tienes el maldito lujo de decirme que no, niño," dijo T