Punto de vista de Aidan
Volteé hacia la puerta, y ahí estaba un hombre, joven, de unos treinta años, de pelo castaño, lucía cansado, parecía que había llegado corriendo, intentó entrar, pero los guardias que Tasha había contratado para que nadie se metiera, le cerraban el paso, empujándolo, agarrándolo de los brazos, sin dejarlo pasar.
Yo dejé el bolígrafo sobre la mesa, y miré a Tasha, ella me sonrió, nerviosa, y me dijo:
—Aidan, no le hagas caso, es un loco, un perturbado, firma, no pierdas t