Punto de vista de Aidan
Tasha me jaló hasta la habitación y cerró la puerta con seguro enseguida se apoyó en ella, mirándome con esa sonrisa de "yo gané".
—¿Ya ves? Esa mujer no tiene límites, Aidan, habló con el jardinero frente a ti, como si tú no existieras.
Fui hasta la ventana, encendí un cigarro aunque había dejado de fumar hace meses, necesitaba algo en la boca, necesitaba olvidar mi coraje.
—La conozco, Tasha, lo hizo para provocarme.
—Entonces funciona —dijo ella, acercándose— funciona