Jin Beichen le dirigió una mirada desagradable, pero no volvió a resistirse.
El asistente, Yan Ze, lo arrastró hasta el coche. Solo entonces respiró aliviado y lo llevó a casa.
Cuando llegaron a casa, ya era tarde.
Pensando que todo el mundo estaría dormido, Yan Ze no pidió ayuda, y le costó mucho esfuerzo llevar a Jin Beichen a la casa y acostarlo en el sofá.
Dudó un momento antes de pedir la opinión de Jin Beichen: “Señor Presidente, Señor Presidente, ¿lo llevo arriba a descansar?”.
Ento