El grito de alarma resonó en la calle, Tony sintió que su corazón se detenía por un segundo, la multitud que llenaba la acera comenzó a murmurar y moverse inquieta, señalando.
— ¡Corre, muchacho! — gritó Frank, el anciano agarró a Tony por el brazo con una fuerza sorprendente para alguien de su edad.
Sin pensarlo dos veces, dejándose llevar por el instinto y la adrenalina que ahora corría por sus venas, Tony echó a correr junto a Frank.
— ¡Por aquí! — indicó Frank, su voz apenas era audible so