Tony sintió que el piso se abría bajo sus pies como una grieta en tierra seca. El mundo a su alrededor comenzó a dar vueltas como un carrusel descompuesto. Las palabras del doctor resonaban en su cabeza como un eco interminable: "no es su hija... no es su hija..."
Se apoyó contra la pared más cercana, sus piernas temblaban más que un potrillo recién nacido. El aire del consultorio se sentía espeso, difícil de respirar, por un momento se había aferrado a la esperanza de que Sarah mentía.
— ¿Está.