Tony se quedó mirando a su madre, sintiendo que el corazón se le iba a salir del pecho. El color le iba y venía del rostro mientras buscaba las palabras correctas.
— Siéntate, amá —dijo finalmente, señalando el sofá— esto va a ser largo.
Guadalupe se sentó, sus manos apretaron su falda con nerviosismo.
— Me estás asustando, hijo.
Tony se pasó la mano por el pelo, respiró profundamente antes de comenzar a hablar.
— Es sobre Lupita, amá —su voz temblaba— hoy fui al hospital por los resultados de.