Narrado por Mia
Una semana. Siete días de despertarme a las seis de la mañana, de pelear con archivos llenos de polvo y de aguantar las miradas cómplices de Alessandro, quien seguía insistiendo en que mis náuseas matutinas eran el "saludo del bambino". Pero hoy, todo el cansancio valió la pena. En mi bolso guardaba un sobre con mi primer salario —dinero real, ganado con mi propio cerebro y no heredado por mi sangre— y, escondida en un compartimento secreto, una prueba de embarazo con dos líneas