Ella entra con paso seguro y se adentra en la sala de estar, mirando a su alrededor con desdén. Me sigue de cerca, y cuando estoy a punto de decir algo, saca su teléfono y muestra las imágenes que había recibido previamente.
—¿Qué tienes que decir al respecto, Maia? —pregunta con una sonrisa maliciosa.
Mis mejillas se encienden de vergüenza mientras observo las fotos comprometedoras de Alex y yo en la pantalla de su teléfono. Las imágenes son íntimas y privadas, y no puedo evitar sentirme invad