Jordan apenas pudo asentir con la cabeza. El sudor le corría por la frente mientras Reinhardt le soltaba bruscamente la mandíbula. El chico se quedó ahí, inmóvil, con el miedo aún estampado en su cara. La amenaza de Reinhardt le pesaba, cada palabra parecía reverberar en su mente, casi como si pudiera ver en su cabeza la imagen de esa lengua siendo cortada y de esos golpes cayendo con el cinturón.
Con pasos lentos y cautelosos, Jordan se acercó a su sombrero de paja, lo tomó y se lo puso sobre