El hombre que mató con un balazo en la cabeza al bailarín que lo había acompañado, se había adentrado en los pasillos.
Había llegado allí con una misión clara: secuestrar a Jordan. Y no era el único. Otro de los infiltrados, uno que no había ido con ningún bailarín, sino que se había quedado en el salón entre los demás, tenía la tarea de capturar a Jasper.
Ese ya estaba en movimiento. Mientras el salón se convertía en un campo de guerra, con los hombres de Reinhardt entrando al enfrentamiento, c