Las lágrimas de impotencia salieron de los ojos de Cristal. Él tenía que ser un maldito ser sin escrúpulos, un maldito hombre al que no le importaba cuánto ella pudiera estar sufriendo en ese momento.
— ¡Muérete! —gritó cristal con todas sus fuerzas.
Sonriendo, como si eso fuera todo lo que él sabía hacer, Brandon se dio la media vuelta solo para dar con aquella rosa blanca que estaba en el florero sobre una mesa a la izquierda.
Caminando hacia la rosa, pensando en que lo mínimo que podía darl