El ángel volvió al departamento, su corazón pesaba, miró a Agatha dormir plácidamente, ella era el único ser que había sido dulce con él, le había cocinado, le había hecho cariño, lo había abrazado a pesar de saber que no era él, su corazón dolía, no se veía capaz de matarla, y las palabras de Azzael venían a su mente una y otra vez, se acostó a su lado y acaricio su cabello toda la noche, en la mañana Agatha se despertó, miró los ojos del ángel y sonrió.
Buenos días, ¿dormiste bien? – su mano