Amanece y yo estoy enredada en los brazos de Azzael, me abraza como si temiera que desaparecería de su lado en cualquier momento, sus piernas están entrelazadas conmigo y su brazo me aprieta contra su pecho, sonrío y miro su rostro, tan hermoso como siempre, sus labios carnosos que me invitan a reclamarlos, sus mandíbula cincelada, sus cabello largo color miel que cae aleonado contra su rostro, su rostro perfecto como un dios griego, sus pectorales musculosos y su abdomen marcado que me llamaba