Capítulo 47: Deja el orgullo a un lado.
SĀO PAULO.
Sentí que me desmayaba, por un instante mi vista se nubló, la persona que estaba frente a mí no me miraba, sus ojos color avellana estaban clavados en Maicor.
De pronto trato de recuperar la cordura y tratando que mi voz suene normal, le pregunto:
—¿Qué haces aquí?
—Vine a hablar contigo, bueno si el caballero me lo permite.
Maicor está desconcertado, es evidente que el ambiente se ha vuelto tenso, el silencio es abrumador, Maicor lo mira y luego desvía