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Tenía que salir de la ciudad lo más pronto posible, pero antes de irme tenía que conversar con la jefa de enfermeras, ya que, si ella me despide antes, hacer el viaje de nuevo a mi pueblo natal sería una pérdida de tiempo y de dinero.
–¡Qué bien que estas aquí!–Me dice con energía, cuando me presenté al siguiente día.–Quería hablarte de tu despido.–Yo solo trago saliva, mientras me siento en una silla enfrente de ella.–No te despediré del hospital, porque un doctor me pidió que no lo hicie