Grasya jadeó, mordiéndose con fuerza el labio inferior.
—Helios… aunque se arrodillara y me suplicara… nunca volvería con él. Nunca.
—Le rompería las malditas rodillas primero —gruñó él—. Para que ni siquiera pudiera arrodillarse a suplicarte nada.
Las manos de ella subieron a acunar su rostro, suaves contra sus rasgos afilados y furiosos.
—No tienes que estar celoso —susurró—. Severen es solo mi pasado. Nada más.
—Shh. —Su mano se cerró alrededor de su mandíbula, firme e inflexible—. No v