Molly
No sé siquiera cómo mis piernas andan caminando por el azulejo del aereopuerto de New York, ayer bien tarde en la noche reservé un vuelo hacia Ontario. Lo mejor es volver allá por un tiempo, dejar a mi hijo con su padre que necesita de él y alejarme también de Max. Pensar las cosas es lo que debí hacer, pues desde que Tohbías regresó a mi vida solo se ha virado todo al revés.
Pero dios, ¿por qué es tan difícil dejar a mi hijo?
Sus gritos y llantos aún taladran y martillan mis tímpanos y s