98. Mamá
Andrea corría por toda la cocina, buscando con angustia en cada gaveta algo que le ayudara, pero un ruido en la entrada la sobresaltó y la sorpresa se transformó en horror al reconocer el inconfundible timbre de su madre.
Miró la camiseta de Javier apenas cubriendo su desnudez y aunque se precipitó tras la mesada, los ojos de su madre se abrieron de par en par, que con su mano ahogó un jadeo al verla.
—¡Mamá! —La voz de Andrea salió como un chillido estrangulado—. ¿Qué haces aquí?
El rostro de