77. Avance relativo
La claridad de la mañana iluminaba la habitación como un manto colmado de expectación y Javier se devanaba los sesos sobre la mejor manera de saludarla cuando abriera los ojos. Y es que, aunque continuaba dormida entre sus brazos, temía decir o hacer algo que los hiciese retroceder.
Se le hizo muy difícil lograr que le permitiera tocarla por completo, como él quería, y tuvo que tranquilizarla varias veces para convencerla de que con él no corría peligro.
Era doloroso notarla ansiosa, temerosa