62. Firma
El estómago le dio un vuelco al darse cuenta de que aquella seguridad que reunió por semanas al no responder los mensajes de Alberto, se diluían con cada paso.
Un hombre de traje oscuro y lentes de sol le abrió la puerta de su propio apartamento y sintió que sus piernas ya no podían sostenerla más.
Perdió por completo el valor y se sintió enferma de solo pensar que en unos segundos tendría que encararlos.
Martha Villanegra estaba de pie y sostenía su bolso de lujo con ambas manos, como un sím