63. Carpe Diem
La puerta se abrió y allí estaba ella. Andrea García, con su cabello oscuro recogido en una coleta descuidada y unos pantalones de chándal que no hacían nada para disimular sus curvas. Javier sintió que se le secaba la boca.
El móvil vibró en su bolsillo. Otra llamada de su madre. La ignoró, como había estado haciendo toda la tarde. Ya lidiaría con eso después.
"Cuando un hombre tiene un objetivo en mente," pensó, "no existe ningún obstáculo que le parezca imposible de superar."
Para Javier ya