—Mamá, de verdad no es necesario —insistió Santiago, pero un ataque de tos interrumpió sus palabras. Estaba muy débil y cualquier alteración emocional lo afectaba.
—¿Señora Fu, podría dejarnos a solas para conversar con el señor Montero? —apenas Miguel terminó de hablar, Karina respondió rápidamente.
—Por supuesto, me retiro ahora mismo. Pero señor Soto, Santiago acaba de despertar y está muy vulnerable, por favor no lo altere.
—Por supuesto que no —asintió Miguel.
—Mamá, ten cuidado en el camin