Emanuel no quería meterse más en este asunto turbio y miró fijamente a Santiago:
—Es el matrimonio de tu vida, dinos qué piensas.
—Está bien —respondió Santiago secamente. Total, si no podía casarse con Laura, daba igual con quién lo hiciera.
Maite se emocionó demasiado al escuchar su respuesta. ¡Por fin se casaría con Santiago! ¡Sería la señora Montero!
—Sigan cenando, debo responder un correo en el estudio —se excusó Santiago cortésmente, ansioso por abrir el paquete.
—¡Quiero acompañarte! —lo