Con el rostro bañado en lágrimas y presa de un convulso llanto, Libi dio dos pasos y cayó de rodillas sobre el piso.
—Libi, ¿qué te pasó? —le preguntó Irum.
Ella no pudo hablar, parecía luchar por respirar. Pese a lo mucho que había deseado estar lo más lejos posible del par de embusteros no había podido ni subirse al auto.
—Libi, amor...
Libi rechazó el toque de Irum. Se aferraba el pecho con la desesperación de tener allí dentro una bomba de tiempo en vez de corazón.
—Le está dando un infar