Una insoportable punzada de dolor se retorcía en sus sienes mientras luchaba por abrir los ojos. Antes de siquiera darse cuenta de dónde se encontraba, imágenes terroríficas comenzaron a formarse en su mente. Lentamente, se acurrucó, mientras un rayo de luz la obligaba a cerrar los ojos.
— Con calma —murmuró alguien justo encima de ella.
Enza se sobresaltó al abrir los ojos y sentir un paño húmedo en su frente.
— Soy Arik, esté tranquila, no corre ningún peligro.
La sabiduría de sus palabras no