—¿Qué dices, tía? — preguntó sacando su celular y marcó el número de su prima saliendo este apagado. Alzó su vista y, al ver la cara de preocupación de sus tíos, comprobó que no era broma.
—¡Ya lo hemos intentado! Marcos está muerto, dijo Felip, el jefe de seguridad.
Todos bajaron las escaleras ante la mirada atenta de los trabajadores que no entendían, ¿él por qué?, la repentina cancelación del evento. Iván salió en su auto como el alma que lleva el diablo al tener la dirección de los hechos.