—¿Ivy? ¿Qué ha pasado? —Emma me miraba preocupada, evaluando mi expresión mientras trataba de mantener una apariencia firme.
Me despegué de la columna, recomponiéndome a medias. La sonrisa que intenté forzar no logró engañarla, pero al menos fue suficiente para que no insistiera frente a la multitud. La recepción seguía en pleno apogeo, ajena a la tormenta interna que sacudía cada rincón de mi mente.
—Nada, solo… —me aclaré la garganta, intentando encontrar una respuesta que sonara lo suficient