Aún saboreando el dulce y sumergida en los recuerdos, tomé el teléfono y marqué el número de Adrian. Una parte de mí se sentía tonta por llamarlo solo para agradecerle, como si un simple mensaje hubiera sido suficiente. Pero algo en mí sabía que esta llamada era necesaria. Quería que él escuchara el agradecimiento en mi voz, que supiera cuánto significaba para mí su gesto y, quizás, que entendiera que sus dulces habían llegado en el momento exacto en que los necesitaba.
La llamada apenas sonó u