La promesa de Ashen — Ahora, te enseñaré a cazar sombras — quedó suspendida en el aire helado del claro, cargada de un peso ominoso que silenció incluso el viento. El orgullo que había sentido por mi avance, por haber unificado mis dos mitades en un arma fluida, se evaporó, reemplazado por un frío que no tenía nada que ver con la temperatura.
Esa noche, el ambiente en la cueva era diferente. El santuario de la maternidad se convirtió, por primera vez, en un cuarto de guerra. Caelus y Diana dorm