El tiempo dentro de la cueva se volvió una cosa gruesa, pesada, como si las horas no pasaran, sino que se acumularan en las paredes.
Dorian había salido al amanecer, sin mirar atrás más de una vez. Lo vi alejarse entre los árboles con el andar silencioso de un lobo que conocía demasiado bien su territorio… y que, aun así, sabía que podía no regresar igual.
Desde entonces, el silencio se instaló entre Ashen y yo.
No era un silencio incómodo. Era tenso. Vivo. Lleno de cosas que ninguno de los dos