—¿Qué pasa, Ashen? —pregunté, mi voz vacilante, pero no por miedo, sino por la sorpresa de ver la distancia que él mismo había puesto entre nosotros.
Ashen no desvió la mirada de Dorian, pero su voz, aunque baja, fue firme.
—Hay algo que no me encaja —dijo, su tono grave y cargado de suspicacia—. Algo en todo esto... no me parece correcto. No voy a bajar la guardia.
Dorian frunció el ceño, sin moverse de su lugar. Podía ver que la tensión comenzaba a crecer, como una cuerda tirante entre los tr