La decisión de volver a El Límite no fue una chispa de claridad en la oscuridad, sino la aceptación de que debía sumergirme en el único pozo de veneno que podría contener un antídoto. Mi cuerpo se puso en movimiento antes que mi mente. Un pie delante del otro, alejándome del santuario profanado de Ashen, dirigiéndome hacia el norte, de vuelta a la civilización que me había repudiado.
Pero el camino de regreso no fue una marcha decidida. Fue un peregrinaje a través de mi propio infierno personal