La vista era fascinante. La luz de la mañana centelleaba sobre los planos esculpidos de la espalda desnuda de Alex. Su físico, perfeccionado al detalle, parecía la obra de un artesano meticuloso. Los hombros anchos se estrechaban en un potente torso en forma de V, dándole un aspecto atlético. Bíceps definidos, como los de un boxeador experimentado, se tensaban bajo la piel bronceada por el sol.
A Beth se le entrecortó la respiración al contemplar la escena, con los ojos muy abiertos y llenos