Alex regresó a su villa. Mientras empujaba la pesada puerta de roble y entraba, vio a Tristan parado cerca de la chimenea.
—Señor...
Tristan lo saludó con un asentimiento y le entregó una carpeta junto con un bolso de mujer.
—Estas son las cosas que los guardias recogieron de esa casa desierta.
La mano de Alex se apretó alrededor de la correa del bolso. Era de Beth. Lo dejó a un lado, su atención moviéndose a la carpeta. Una inquietud creciente carcomiendo sus entrañas, mientras la abría con un