~Edward~
Estaba dando vueltas en mi oficina mientras Diana me lanzaba esas miradas raras que solían darme ganas de quitarle de la cara.
"¿Puedes al menos dejar de dar vueltas un segundo?" Gruñó de nuevo por enésima vez y la fulminé con la mirada.
"¿Puedes dejar que mi cuerpo haga lo que quiera en paz?" Añadí la pregunta después de la mirada para advertirle con firmeza.
"No. Quizás quedarme quieto ayude porque estás en todas partes y también distraes mi hilo de pensamiento. Kelvin volverá tarde