20. En las manos del enemigo
Melanie no podía creer su mala suerte, allí frente a ella estaba aquella belleza de hombre de quien se escondía con una mirada que la hacía sentir tremendamente pequeña, — Hola, Gabriel que sorpresa.
“Debo calmarme, él no sabe que estoy haciendo aquí, solo debo disimular y no revelar absolutamente nada de lo que está pasando”
— ¿Qué clase de inmadurez es esta?, ¿pensaste que no me daría cuenta? ¿Acaso te estás escondiendo de mí porque te rechace?— , dijo Gabriel en tono molesto haciéndola estre