Yara
Estaba a punto de preguntar a Fiona qué derecho tenía de proteger a nadie en este hotel cuando una voz fría cortó el pasillo.
—Madam Isa.
Ambas nos congelamos.
Los ojos de Fiona se abrieron de par en par por el impacto total cuando se dio cuenta de que Madam Isa estaba de pie justo detrás de nosotras, lo suficientemente cerca como para haber escuchado cada palabra. La mujer mayor dio dos pasos lentos hacia adelante, y su pesada presencia llenó el estrecho espacio.
La voz de Madam Isa sonab