La cámara del consejo era tan opresiva como siempre: los cinco miembros del consejo sentados en lo alto de sus asientos, el aire cargado de dominio y juicio. A lo largo de los lados del salón se alineaban Alfas de diferentes manadas, cada uno con sus propios intereses, sus propios rencores.
Y allí estaba él. Kaizan.
El bastardo sonreía, como si hubiera estado esperando este momento. Pero fuera lo que fuera que esperaba ver, esta noche iba a decepcionarse.
Lo más importante: no podíamos dejar qu