Reina
La búsqueda terminó como siempre ocurre con una mentira, silenciosamente, casi como si nunca hubiera sucedido. No hubo ningún anuncio, ni siquiera una explicación, como si el pobre hombre cuya vida había arruinado no importara tanto. Ningún cuerpo regresó para la inspección, y ninguna confesión se exhibió ante nosotros. Simplemente regresamos por donde habíamos venido, pisando terreno familiar, como si nada irreversible hubiera sucedido. Como si nadie hubiera sido secuestrado por mi culpa.
Esperaba que alguien dijera algo, pero nadie lo hizo.
El silencio me seguía como una sombra, apretándose con cada paso. Esperaba un grito a mis espaldas, una corrección o incluso una orden para detenerme. Probablemente era irracional pensarlo y las probabilidades de que eso sucediera eran muy bajas, pero una parte de mí creía que alguien, otro soldado, me habría detenido para pedir mi arresto. No tenía mucho sentido para mí, pero esperaba que las consecuencias me golpearan como el miedo siempr