Domingo de resaca

Después de una larga y necesaria ducha, Elizabeth se puso el pijama y se dirigió hacia su cama, solo para encontrarse a Alejandro durmiendo en ella. Había rastros de cosas chocadas por el camino, lo que dejaba en claro que se había tambaleado hasta allí desde el comedor.

—Ah no, eso sí que no —murmuró. Con la poca energía que le quedaba, le dio una patada firme que lo hizo rodar al piso. Alejandro gruñó apenas, más por el golpe que por la caída, y siguió durmiendo como si nada.

—Vaya borrachera
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