~Nigel
Metí mi mano enguantada de nuevo en el charco de aceite y deslicé un segundo dedo dentro de ella. Soltó un grito, arqueando la espalda tan alto que pensé que se rompería.
—¡Nigel, por favor! ¡Es demasiado! ¡Para, para! —aulló, con la voz quebrándose con cada embestida.
La ignoré. Dupliqué el ritmo, mis dos dedos estirando sus apretadas paredes con empujones rápidos y fuertes. El sonido del aceite chapoteando dentro de ella llenó la habitación. Podía sentir sus músculos pulsando alrededor